Columna Jc Medellin
Entrevistas
Eventos DeportivosComentaristas Invitados
Liga Regional de FutbolGaleria Fotografica
Trayectoria JC Medellin
Federaciones
Foto de la Semana
Salud DeportivaContacto


Prof. Humberto Esparza Luque

CLASES DE DEPORTES.

AUTORA: Lic. Araceli Valdés Vega.

Siempre estuve en la creencia que la llamada clase de deportes, ahora nombrada educación física, era una verdadera pérdida de tiempo para los alumnos.

En primer lugar se les daban las horas de enseñanza a jóvenes sin ninguna preparación, ya que, al igual que los egresados de la Nacional de Maestros, los alumnos de la Escuela Nacional de Educación Física también habían perdido mucho tiempo por incontables huelgas y paros de labores.

A los egresados se les repartían sus horas de servicio en dos o mas escuelas separadas a kilómetros de distancia, por lo que llegaban a una escuela y justo a los 15 minutos faltantes para la hora, emprendían su fugaz huida hacia la otra tratando de cumplir con sus horarios.

En casi en la totalidad de las escuelas primarias oficiales no existían instalaciones deportivas adecuadas; si acaso había un pedazo de patio pavimentado donde los niños y niñas pudieran dizque jugar voleibol, no habían canchas apropiadas para el básquet y mucho menos para el fútbol o un gimnasio; eso solo era visto por televisión en las escuelas gringas.
A los alumnos no se les exigía llevar uniforme especial: camisa o camiseta de color blanco, shorts o falda corta del mismo color y zapatos tenis. Si deseaban comprarlos y llevarlos, bien; pero si no podían por escasez de dinero pues ni modo; de eso se agarraban los padres para no comprarles si no se les pegaba su regalada gana. ¡Ay de aquel maestro de deportes o directora que quisiera obligarlos!, porque de inmediato eran reportados ante la jefatura de sector, ante la delegación, ante algún periódico o una estación de radio, donde se deformaban o magnificaban los hechos y ya los andaban suspendiendo.

Ante tanta falta de recursos los maestros de deportes llegaban y les ponían a los alumnos a hacer algunos movimientos de calentamiento, soltándoles una pelota, ya sea de fútbol o de voleibol, para que corrieran como chivas locas tras de ella y así se llevaran los 30 o 35 minutos de la famosa clase.

A nosotras como maestras de grupo nos convenía esa horita pues nos daba oportunidad de descansar la garganta o llevar a cabo alguna tarea administrativa: el llenado de boletas de calificación, la elaboración de nuestro plan diario de trabajo, o lo mas común, tomar un refrigerio.

Por todo lo anterior reflexionaba que era una lástima el no darle a los alumnos una verdadera educación física que los moviera, que les ayudara a adquirir mayor coordinación corporal, o que les despertara el sentido de compañerismo, de superación o de competencia.

Hubo un drástico cambio sobre ese pensar debido a la llegada del maestro Ricardo a la escuela. Tendría unos 26 años de edad: de mediana estatura, moreno claro, de sonrisa agradable y un cuerpo varonil debido al ejercicio diario. Pero eso no era lo importante, el maestro era energía pura, un ejemplo de entusiasmo y vitalidad.

Tenía la obligación de impartir 10 horas a la semana en nuestra escuela. Le solicitó a la directora juntar dos grupos para cada sesión de 2 horas diarias y habló con nosotros los maestros pidiéndonos diez minutos más para atender lo mejor posible sus necesidades didácticas. Mandó llamar a los padres a quienes convenció para comprarles a sus hijos el uniforme, además de exponerles algunas metas donde tendrían que intervenir directamente los fines de semana buscando con ello una mayor integración familiar.

Solicitó sacar a los alumnos a un parque que estaba un poco retirado de la escuela argumentando que era necesario ya que ahí existían instalaciones mas amplias donde podría impartir sus clases y la directora le permitió que solo fueran los viernes, ante el peligro de que les pudiera ocurrir algún accidente en los trayectos.

Empezó a ganarse nuestro apoyo ya que vimos varias acciones positivas en bien de los alumnos; una de ellas fue que hizo participar a las mujeres en actividades que anteriormente solo eran exclusivas para los varones y que sin embargo eran necesarias para su buen desarrollo físico y mental. A todos los alumnos les despertó ansias competitivas que hicieron que anduvieran emocionados por el inigualable deseo de triunfo, tanto en sus grupos como en las competencias que después se llevarían a cabo con otras escuelas del sector.

Era uno de esos maestros que se dan muy de vez en vez. Se movía por todos lados; fue a la delegación y consiguió para la escuela redes y balones de voleibol y unos pilares de fierro con base de llantas de auto rellenas de concreto que en la punta tenían unas especies de aros que servían para practicar el básquetbol; estos artefactos posteriormente podían ser trasladados donde no estorbaran para la formación de los grupos. En sus clases era muy estricto y aunque los chicos se divertían no los dejaba hacer cualquier cosa, todos sus movimientos estaban calculados hacia un fin determinado, pero sobre todo, los obligaba a castigar a sus cuerpos para que obtuvieran mayor confianza en si mismos.

Nos explicaba que desde esa temprana edad los niños deberían aprender a caminar y a correr; argumentaba que el mexicano, por su estructura física, tenía algunos problemas provocados por la mala alimentación que los hacia o desnutridos o los llevaba a la obesidad. Nos recriminaba a padres y maestros de grupo el no darles orientación sobre su posición al ponerse de pie, al estar sentados o al dormir, y que por lo mismo, desde esa edad se desarrollaban deficiencias en la columna vertebral que posteriormente les impediría moverse adecuadamente.

Era brusco con los alumnos, hombres y mujeres; se pasaba varias clases corrigiéndolos hasta suponer que no olvidarían los movimientos; les recomendaba practicar en sus casas las posiciones correctas hasta que se formaran hábitos. A las niñas las obligaba a ponerse en la cabeza un cuaderno o un libro y las hacía caminar el mayor tiempo posible, todo para enderezar sus cuerpos. A los niños, sobre todo a los de quinto y sexto año, les ponía ejercicios para corregir las posiciones deformadas, tanto por el desmesurado crecimiento característico de esa edad, como por el cargado de las enormes mochilas repletas de cuadernos y libros que muchos maestros obligaban llevar a diario, aunque no los utilizaran, mostrando con ello una falta de planeación en la impartición de sus clases. Los ponía a rebotar pelotas individualmente contra el piso o contra la pared buscando mejorar su coordinación motriz; posteriormente los hacía volear entre dos o entre tres, hasta considerar que ya podrían jugar con red. En el basquet los obligaba a rebotar la pelota contra el piso, primero en un lugar fijo con una mano y luego con las dos; luego los ponía a hacer lo mismo pero tenían que desplazarse de un lado a otro sorteando una serie de obstáculos para que al final practicaran los tiros a los aros.

Los alumnos primero se aburrían pero cuando empezaron a ver las ventajas y los resultados de los ejercicios, ellos solos se ponía a practicar pasándose horas haciéndolo, ya que muchos de ellos solicitaron a sus padres la adecuación de tableros, o imitación de ellos, dentro de los patios de sus casas o en sus calles.

Pero lo que vino a convulsionar a la comunidad escolar fue la enseñanza a los alumnos de las bases de una disciplina deportiva que se puso de moda después de los juegos olímpicos del 68, la caminata.

En un principio los alumnos se burlaban porque decían que los movimientos eran afeminados ya que el cadereo, la posición del cuerpo y el movimiento de los brazos se veían muy chistosos, pero cuando empezaron a practicarlo vieron que no era tan fácil como ellos lo supusieron; además de que existían muchas reglas a seguir. El ejercicio era tan duro que los hacía sudar a chorros por la fuerte presión que el maestro ejercía para que los hicieran adecuadamente; eran comunes las ampollas en las plantas de los pies y fueron varias semanas de estarle dando duro y constante al ejercicio antes de empezar a dominar las bases de la técnica.

El maestro tenía todo bajo su control; llevaba registros personales de todos los alumnos: edad, sexo, estatura, peso, características socio-económicas y familiares, distancias, tiempos realizados y posibilidades de desarrollo.

Como a los dos meses llevó a cabo competencias en el parque recreativo siendo un evento que lució maravilloso dado que los alumnos y alumnas se hicieron acompañar de sus familiares lo que hizo que la caminata se hiciera una disciplina muy solicitada por toda la comunidad.

Ante la falta de apoyo de las autoridades deportivas de la secretaría de educación, el maestro puso de su dinero para comprar los trofeos y nos pidió ayuda para confeccionar listones y medallas, las cuales hicimos con pedazos de cartón cubiertos de papel lustre. Nos dijo sobre la importancia para quienes fueran los ganadores puesto que probablemente nunca tendrían otra oportunidad de conseguir un triunfo deportivo ante la falta de seguimiento de ese tipo de actividades dentro del sistema escolar mexicano. Hizo extensiva la invitación a las demás escuelas del Sector y llevó a cabo competencias donde destacaron varios muchachos a quienes citaba los sábados por la mañana para entrenar, por lo que el grupo fue creciendo y antes de finalizar ese año existían cerca de 30 alumnos con posibilidades de desarrollo. Cuando lo creyó pertinente los llevó a las instalaciones de la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca a observar a los jóvenes que representaban a nuestro país en eventos internacionales y fue tanto el entusiasmo que años mas adelante salieron de su grupo varios representantes para los juegos nacionales y panamericanos.

Le prestó mucha atención al fútbol, deporte que mas practicaban los varones, y aunque no existían canchas apropiadas en el parque, él veía como pero los hacía jugar. Argumentaba lo importante que era para los niños practicar un deporte donde hubiera contactos corporales, tanto para que fueran haciéndose resistentes a los golpes y aprendieran a esquivarlos o a darlos, como para que aprendieran a trabajar en equipo.

Le dedicó una buena parte de su tiempo a las pruebas de atletismo; enseñó a todos los niños y niñas el salto de longitud, siempre corrigiéndolos y llevando su record. Para el salto de altura consiguió colchonetas para que no se lastimaran y llevó cabo competencias de pruebas de velocidad desde los más pequeños hasta los del sexto grado. En esa disciplina varios niños y niñas mostraron habilidades innatas que fueron seleccionados para formar el grupo representativo de la escuela y a quienes el maestro entrenaba los sábados y en periodos de descanso.

En 6 meses empezaron a hacerse comunes las competencias atléticas ante el regocijo de los alumnos, de los padres y el maestro, aunque para ello tuviéramos que apoyarlo confeccionando las medallas correspondientes, para el jueceo o el tener que acudir a los eventos los fines de semana.

Eso no fue todo. El maestro se ofreció para entrenar la escolta, la cual siempre había dejado mucho que desear puesto que solo se escogía a los niños y niñas con los mejores promedios y sin ningún entrenamiento se les ponía a desfilar todos los lunes en las ceremonias del juramento a la bandera. El los tomó por su cuenta y en pocas semanas se tornó en una actividad muy lucidora. Le sugirió a la directora se hiciera un concurso donde por medio de sus calificaciones y comportamiento los alumnos compitieran para ser parte de las escoltas volviéndose un reto para que, ante el interés de ingresar a ella, se apuraban en sus obligaciones escolares.

El les daba instrucción diaria; les ponía los diferentes pasos, movimientos y evoluciones para que salieran con calidad; después le sugeriría a la jefa de sector se hiciera un concurso entre las escuelas, el cual se llevó a cabo en el centro de la delegación política y que por supuesto nuestra escuela fue la triunfadora ese primer año.

Otra actividad que impuso fueron las tablas gimnásticas; mandó llamar a los padres para explicarles sobre el tipo de vestimenta y utensilios que deberían comprarles a sus hijos; citó a los niños por las tardes y fueron varias semanas de duro entrenamiento que rindió sus frutos ya que en el desfile conmemorativo de la independencia, nuestra escuela fue la mas destacada, teniendo tanto éxito que el delegado le pidió a la directora que los enviara el 20 de noviembre al desfile que se hacía en el Zócalo.

Después de 4 años de ser maestro en la escuela, y como era de suponer, el maestro Ricardo fue nombrado jefe de actividades deportivas de educación secundaria y posteriormente como director de la misma dependencia. Pensamos que su carrera iría en asenso dado que seguido salía en las páginas de los periódicos o en entrevistas televisivas donde exponía sus planes al público en general. Después nos enteraríamos que fue despedido debido a lo de siempre, la terrible “grilla” existente dentro de la secretaría de educación.

Varios funcionarios, celosos de su éxito, lo acusaron de todo tipo de delitos: que si era homosexual, que si era abusador sexual de alumnas, que si se había robado varios implementos deportivos, que si les sacaba dinero a los alumnos, etc. Fue acusado de una serie de cosas que rayaban en lo increíble. Al enterarnos, las maestras de la escuela y varias madres de familia nos cooperamos y mandamos una carta abierta en un periódico donde defendíamos el honor del maestro dando nuestro testimonio de todo lo que hizo por los alumnos. Sin embargo el daño estaba hecho, su carrera se vino abajo debido a las envidias despertadas. La mala política echó abajo una carrera que mucho hubiera ayudado a la juventud mexicana.

Regresar a index de notas

 

Escribele al autor de este comentario

© autoridaddeportiva.com.mx 2006
Website administrado por ALT Comunicaciones. Villahermosa, Tabasco, México